2013. A catalan story / Una historia catalana / Una Història Catalana

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premi Premi Butaca al millor text teatral 2011.

Una-historia-catalana-Jordi-Casanovas1
Publicada la versió 2011 per AROLA EDITORS

Emigrants, immigrants i aborígens. (Un western català.)
Senyores i senyors, benvinguts a setze anys de la nostra història, explicada des de la frontera. País per construir, famílies per conservar, empreses per créixer. La Mina, el Pallars, Nicaragua. Qui és el dolent, qui és el lleig i qui és el bo de la nostra història? Què ens ha dut a ser com som, a pensar com pensem ara, a creure el que creiem ara? Una família que lluita per no perdre la seva casa, quan tots els veïns voldrien vendre la muntanya. Un traficant de droga dels carrers suburbials de Barcelona decideix que han de canviar de vida. Un veterà guerriller, que ha passat per les revolucions de Cuba, Bolívia i Chile, i que recala a Nicaragua on aconseguiran derrocar el dictador. Tres històries en una. Tres fronteres en un sol país. Tres fronteres catalanes: els pirineus, els suburbis i les “amèriques”.

Vaig néixer a Vilafranca. L’any mil nou-cents setanta-vuit. Veí del barri del Poble Nou. Concretament, del carrer Bisbe Morgades. Quan tenia entre vuit i dotze anys, els nens i les nenes del carrer acostumàvem a jugar plegats. Diuen que potser vam ser l’última generació que va jugar al carrer durant les nits d’estiu. No ho sé. Recordo que hi havia una bona pila de famílies en aquell carrer. Casulleras, Marquès, Ollé, Casanovas, Mill, Casanellas i Gibert. Curiosament, dues cases més avall, vivien uns nanos dels quals no en recordo el cognom. No acostumaven a jugar amb nosaltres. En dèiem «els castellans», a casa. Vilafranca és també una població que sap tancar-se quan vol. Un poble amant de les tradicions. Un poble molt compromès amb una cultura d’arrel religiosa. Un poble que se sent orgullós de denominar-se català. Passen els anys i cada cop tinc menys clar què és ser català. Espero descobrir-ho aviat.

Jordi Casanovas


MUNTATGE 2013. TNC Sala Gran. Barcelona.

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2013 – Sala Gran TNC – Del 27 de febrer al 7 d’abril.

tnc-101c-PETITAMarta Verdeny / Dora / Cor – Lluïsa Castell / Joan de Coma / Torres / Alberto Pérez «El Cani» / Cor – David Marcé / Reverendo – Pep Cruz / Gran dels Coma / José Somoza / Juan Heredia «El Muerto» / Capellà / Cor – Borja Espinosa / Luis Calanda Martínez «El Cala» – Andrés Herrera / Núria de Farràs – Alícia Pérez / Nena de Segú / Júlia Amat / Laia de Farràs / Cor – Vicky Luengo / Mare (Maria de Farràs) / Santera / Cor – Lurdes Barba / Josep Maria Gallart / Edén Pastora / Pedro Sánchez «El Moro» / Arturo Amat / Cor – David Bagés / Margarita / Mercedes Amat / Cor – Mariona Ribas


 MUNTATGE 2011. TNC Sala Tallers. Barcelona.

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Marta Verdeny, Mercedes Amat  – Rosa Boladeras / Joan de Coma, Alberto Pérez «El Caní» – Òscar Castellví / Josep de Farràs-  Pep Cruz / Juan Heredia «El Muerto», Capellà, Gran dels Coma – Borja Espinosa / Luis Calanda Martínez «El Cala» -Andrés Herrera / Núria de Farràs – Míriam Iscla / Laia de Farràs, Nena de Segú, Júlia Amat – Anna Moliner / Mare (Maria de Farràs) – Àngels Poch / Josep Maria Gallart, Pedro Sánchez «El moro», Arturo Amat – David Vert



TEATRO / CRÍTICA

Una historia histórica

Casanovas amplia y mejora la obra, añade una tercera trama, matiza personajes y afina escenas

Pues sí, la nueva versión de Una historia catalana amplia y mejora la primera. A las dos tramas que ya conocemos se añade una tercera, se matizan personajes y se afinan escenas. El puzzle de la identidad catalana gana en piezas y en complejidad, y todas ellas acaban encajando para ofrecernos una imagen mucho más abigarrada. ¡Cuánta chicha en esta nueva historia! Si antes teníamos, por un lado, a los autóctonos — la abuela, la madre y la hija que viven en un pueblo de los Pirineos y que se niegan a vender sus terrenos para montar una estación de esquí— y, por otro, a los inmigrantes —encabezados por un charnego que pasa de los robos y trapicheos a convertirse en un empresario durante la especulación inmobiliaria previa a los Juegos Olímpicos del 92—, ahora además tenemos, la figura del emigrante, ese catalán que dejó su tierra para empezar una nueva vida en otro país y que resulta ser el marido de la abuela de la montaña, personaje que antes aparecía en la segunda parte.

Nicaragua es el centro de esta tercera trama que se desarrolla durante la revolución sandinista y que pasa de la utopía, tras derribar al dictador Somoza, a la corrupción; y su protagonista es nada menos que Josep Farràs, el abuelo, cuya historia ahora permite entender la de sus descendientes. Tres actos y tres tramas que coinciden en el tiempo y que acaban por converger en el espacio, la simbólica montaña.

En escena, el catalán cerrado del Pallars convive con el castellano de los inmigrantes y con el de Nicaragua en unos intérpretes que a menudo se desdoblan para dar vida a tantos personajes y credibilidad a tantas ramificaciones. La superstición, el miedo, la fe, la venganza, el poder y la acción estructuran este ambicioso relato que ahora gana en coherencia; el juego escénico sigue siendo el mismo -los intérpretes nos presentan a sus personajes y nos dan las acotaciones en catalán estándar- y se mantiene la sorpresa del traslado de escenario en la tercera parte; la confluencia de las tres intrigas otorgan un carácter épico a lo que acaba por ser un western lleno de tensión, con sus tiros y sus desafíos.

En cuanto a los intérpretes, Andrés Herrera, en el papel del charnego Calanda, sigue siendo el puto amo de la función; David Bagés es la otra gran baza en todos los tipos que hace, así como Lluïsa Castell, Alícia Pérez y Lurdes Barba. Qué personajes y qué historia tan potente.

¡Una buena noticia teatral!

Jordi Casanovas ha cambiado de arriba abajo ‘Una historia catalana’  Exito de la obra en el TNC

Muchas veces, cuando hablo de teatro en esta columna, es para referirme por enésima vez a la precaria situación del sector, pero hoy quiero celebrar un hecho doble o triplemente insólito. En 2011 se estrenó en el TNC Una historia catalana, de Jordi Casanovas, un singularísimo western fronterizo que juntaba un episodio de brujería, odios y codicia ambientado en el Pirineo (ecos de Giono, de Valle, de Cerdà) y la crónica de la ascensión, a los sones de Orgullo, de Las Grecas, de Luis Calanda Martínez El Cala, atracador y traficante del barcelonés barrio de La Mina que acababa convertido (ecos de Casavella, de Tarantino, del Bigas Luna de Huevos de oro) en capo inmobiliario gracias al boom olímpico.

Las críticas fueron laudatorias, pero la mayoría coincidíamos en que el final era confuso y apresurado. Habitualmente, los autores suelen decirse “Qué sabrán esos”. Tras el estreno, por lo general, el autor ya está con otra función entre manos. La precedente se abandona, o como mucho se retocan algunas líneas. Hay excepciones, como Juan Mayorga. Y ahora Jordi Casanovas, que dijo: “Sí, creo que el final no sube”. Pero no solo rescribió el final: cambió Una historia catalana de arriba abajo, añadiendo un nuevo relato, reordenando las escenas y los vínculos entre ellas. Ha hecho crecer a un personaje del que poco sabíamos, Jusep de Farràs alias Reverendo, interpretado por un soberbio Pep Cruz, que está muy cerca, ahora que lo pienso, del exiliado que vuelve en Patria, su gran éxito de esta temporada en el Lliure y luego en el Poliorama. Conocemos ahora el pasado de Jusep de Farràs en la guerrilla sandinista, y su aventura tiene el aliento de las grandes novelas suramericanas de los setenta y de los pistoleros cansados de Marsé (con unas sorprendentes gotas de Peer Gynt). Más infrecuente todavía es que el TNC le haya abierto otra vez sus puertas (y en la sala grande) para que pudiera mostrar de nuevo su trabajo: eso no lo he visto yo en ningún teatro europeo. Y que el nuevo reparto (David Bages, Lluïsa Castells, David Marcè, Alícia Pérez, Vicky Luengo, Lurdes Barba, Mariona Ribas) parezca llevar dos años trabajando con Pep Cruz, Andrés Herrera y Borja Espinosa, los únicos que se mantienen del elenco original. Hay una energía descomunal en sus trabajos: la mayoría doblan o triplican papeles y han de pasar con celeridad del catalán al castellano, de una caracterización a otra. Ha sido para mí un renovado placer ver otra vez al arrollador Andrés Herrera en el espléndido rol de El Cala, la versión salvaje del Pijoaparte, digno de todos los premios, y no quiero negarme el orgullo de haber detectado, al comienzo de su carrera, ese gran árbol que ha acabado siendo y que crece a cada interpretación.

Quiero celebrar aquí, en definitiva, la alegría narrativa de este espectáculo, sus ganas de contar, de atrapar, de seducir. Tampoco es habitual que un autor que comenzó en el pequeño formato (primero en la germinal Area Tangent y desde hace unos años en la nunca suficientemente ponderada sala Flyhard, de cuarenta butacas, que sobrevive a base de empeño y talento, y que está fabricando éxitos que luego saltan a otras salas) haya quemado etapas tan rápido, ampliando el marco y el tejido de sus obras, primero en la Villarroel, luego en el TNC y en el Lliure.

En estos tiempos en que todo tiende a la raquitización, en que tantos se ven obligados por la maldita crisis a estrechar su imaginario, Jordi Casanovas ha levantado una función que es una novelaza, un peliculón, un epic de tres horas en el sentido más hollywoodiense y también más brechtiano del término, realizado con absoluta economía de medios: un falso muro con dos puertas y unas pocas sillas por toda escenografía, a la que se suma un cambio final, igualmente sencillo pero de gran potencia, que no contaré. Escribo estas líneas para aplaudir la labor de este equipo y para decirles a los programadores que Una historia catalana es una historia vendible, rentable, que puede atrapar a un público amplio, de aquí y de fuera: no está muy lejos (tecnologías aparte) de las adictivas ficciones de Robert Lepage.


UNA HISTÒRIA CATALANA (2011)

Tal Farràs, tal trobaràs

Una història catalana és una exploració de dues pulsions primàries que mai no havíem vist conviure ni en el nostre país ni en la nostra escena. Casanovas alterna i trena magistralment dues trames, en un principi aparentment deslligades, que confluiran al tercer acte de manera sorprenent. D’una banda, ens descriu el món asfixiant i atàvic d’un poble dels Pirineus, que porta el caïnisme a l’extrem, d’una manera tan acèrrimament tancada que recorda la tragèdia del poble de Tor, al Pallars. De l’altra, resseguim l’ascens d’un quillo de La Mina, Calanda, i els abusos a què sotmet tots aquells que es troba pel camí. Si al Pallars el conflicte sorgeix en el moment de vendre la muntanya, a La Mina Calanda es fa el propòsit de comprar tot un país. Aquestes dues trames representen dues pulsions contràries, la de vendre i la de comprar, la de l’escopeta i la de la navalla, la del contrabandista i la de l’atracador, dues ànsies que finalment col·lisionaran o es trobaran i se satisfaran mútuament, segons com es miri. Casanovas posa aquests dos mons en valor des del moment que ens restitueix, amb una oïda prodigiosa, la veu i el dialecte d’aquests dos mons: si el pallarès viu amenaçat per l’extinció, el castellà de Calanda va colonitzant i guanyant enters al nostre país. La tendència a callar dels pallaresos, reservats i tossuts, contrasta amb la fatxenderia de Calanda. La superstició i la bruixeria de Cal Farràs, al Pallars, xoca amb la incredulitat de la colla de La Mina. El matriarcat del Pallars és difícil de conciliar amb el masclisme de «Cala». Casanovas dóna forma dramàtica a aquest xoc antropològic amb un recurs que no revelarem aquí però que demana de resituar part del públic i d’empresonar-lo en la mateixa tensió escènica amb què culmina l’obra i que reté l’espectador paralitzat com si es trobés ben bé enmig del desenllaç d’un westernBernat Puigtobella