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Una sola semana.

Pieza breve.

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UNA SOLA SEMANA.

Todo empezó hace dos meses.

Un responsable de la oenegé nos contó que podía traer a refugiados. Se podían saltar algunas de las injustas restricciones europeas. Era extraño pero no era ilegal. Cada día leíamos la prensa. Las redes. Los medios. Esa era la primera noticia que nos daba algo de esperanza.

Entonces Carmen se dirigió a mí. Tú tienes una casa enorme. Venga. Mujer. Vives sola. Anímate.

Mi hijo estudia en Chicago. Ingenieria. Yo estoy separada. Desde hace más de cuatro años. Sí. Tengo un piso grande. Con cinco habitaciones. Es grande.

Al cabo de unos días llegó Ahmed. Un chico de veintiocho años. Un encanto. Muy educado. Culto. Con el título de ingeniería informática. La misma carrera que está estudiando mi hijo.

Se lo conté. Me sonrió.

Hablaba un inglés perfecto. Yo me formé para ser traductora. No entendimos a la perfección desde el primer momento.

Había perdido su família en los bombardeos de Alepo. Él evitaba hablar de eso. No quería. Me agradecía constantemente lo que yo estaba haciendo por él. Y yo siempre le respondía: No es nada. Sólo te estoy prestando una parte de mi casa. Tengo mucha casa.

Me sorprendió mucho que fuera tan aseado. Mantenía cuidados todos sus espacios de la casa. Su habitación. Su baño. Siempre limpios. No es que esperara que fuera alguien desordenado o sucio. No. No lo sé. Simplemente no me esperaba aquél grado de… No sé cómo contarlo. Quiero decir que… La convivencia era buena. Muy buena. Excelente.

Pero la semana pasada yo tuve un problema con mi ordenador. Yo no soy muy experta en estos temas. Lo uso para las traducciones o para mandar mails. Poca cosa más. Al parecer, había entrado un virus. 

Estuvo toda la tarde reparando mi ordenador.

En mi habitación.

Tengo un escritorio en mi habitación. Me gusta trabajar de noche y después ir a dormir. Por eso… Por eso tengo…

Yo le observaba sentada desde mi cama.

Él decía que, si quería, podía ir a hacer otras cosas. Que eso era aburrido y lento. Y me sonreía.

Ahmed tiene una sonrisa…

No sé cómo empezó a sucederme… No sé qué me sucedió.

No lo sé.

Os juro que fue algo que no me había ocurrido nunca. El corazón se me disparó. Iba a mil. Sentada en la cama. Lo miraba. Y no podía dejar de pensar…

Durante los últimos cuatro años he tenido relaciones con muchos otros hombres. He mirado a hombres en el gimnas. He quedado con ellos por internet. Pero ninguno de ellos me había provocado algo parecido a lo que…

Llegó la noche. Me tiré en la cama. Me toqué. En silencio. Él dormía a dos habitaciones de la mía. Yo contenía mi respiración. Terminé. Me desahogué. Y pensé: Ya está. Ya ha terminado.

Pero no.

Esta semana ha ido todo peor. 

Me he insinuado.

He vestido con un tipo de ropa que… no sé…

Me miraba a mí misma y pensaba: Eres patética.

Però después le veía a él mientras se preparaba un vaso de leche y entonces pensaba: Tienes que hacer lo haga falta. Lo que haga falta.

Y ayer, mientras estábamos cenando…

Él cocinó un plato que supongo que era muy bueno…

No me acuerdo porque ni lo probé.

Le miré.


Fijamente.

Le lancé una sonrisa.

No sé qué hice con los labios. Creo que fue muy explícito. Era muy explícito.

Y él me sonrió.

Lo vio. Me sonrió.

Bajó su cabeza.

Y continuó comiendo de su plato.

(Enrabietada, como si lo estuviera viviendo ahora.)

Él es un chico inteligente. Tenía que saber perfectamente qué estaba pasando. Pero siguió comiendo. No es un crío. Es un adulto. Sabía perfectamente lo que yo estab buscando. Lo sabía. Lo sé. Ni tan siquiera me rechazó. Ni tan siquiera me frenó los pies. No me dijo que no. No me dijo nada.

Y entonces me hinché de rabia. Pensé que era un desagradecido. Que no merecía lo que yo estaba haciendo por él. Si lo hubiese merecido me hubiera follado sobre la cama cuando estaba reparando mi ordenador. Me hubiera follado como si su vida hubiese dependido de ello.

Y entonces me di cuenta.

Fue terrible.

Terrible.

Por unos instantes consideré legítimo pensar que él era mi esclavo.

Por unos instantes.

Mi esclavo.

Yo.

Pensé que él tenía la obligación de hacer el amor conmigo simplemente porque yo le había acogido.


Lo pensé.

Me fui.


Llevo una semana dando vueltas a eso. No quiero regresar a mi casa. Estoy avergonzada. Estoy aterrorizada.

Necesito un lugar en dónde poder pasar unos días. Olvidé las tarjetas y el dinero. No llevo nada encima. Yo no sé. Es una locura. No quiero regresar a mi casa.

Si tenéis sitio en la vuestra… Si tenéis un piso grande… Os pido que me dejéis pasar una semana en él. Por favor. Una sola semana.

Todo pasará y luego me iré.

O podéis…


Podéis quedaros con Ahmed si lo preferís.

Es un encanto.


Muy aseado.

Mucho.



FIN

Incluído en el montaje teatral para recaudar ayudas para Proactiva Open Arms
DE DAMASC A IDOMENI

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Mar Montávez – Playwrights Agent

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