2019. VALENCiANA. la realitat no és suficient.

A principios de los años noventa, después de años de euforia, de modernización y de proyección internacional, el país se enfrenta a una importante crisis económica y de valores. Tres jóvenes amigas, que se conocieron estudiando periodismo, ven como sus caminos vitales se van separando a medida que esta crisis se hace grande. Valèria inicia la investigación de su identidad por las discotecas de la Ruta Destroy. Ana cubre el crimen más traumático de la historia de España para la televisión valenciana. Y Encarna dirige la comunicación de un joven político que marcará un cambio de paradigma a todo el territorio valenciano. Un viaje de más de 10 años por una historia de amistad, de música electrónica, de televisión y de miedos contemporáneos. Un viaje a un pasado reciente que nos permite releer el más inmediato presente.

Dramaturgia y dirección: Jordi Casanovas
Reparto: Rebeca Valls, Lorena López, Vanessa Cano, Carles Sanjaime, Verònica Andrés, Toni Agustí, Enric Juezas, Paloma Vidal, Laura Sanchis, Juli Disla, Laura Valero y Carlos Amador
Coordinación de la documentación: Eugenio Viñas
Ayudantía de dirección: Maria Almudèver
Diseño de escenografía e iluminación: Maria de la Cámara y Gabriel Paré. Cube.bz
Composición musical: Damián Sánchez
Diseño y realización de vestuario: Pascual Peris
Videoescena: Manuel Conde y Francesc Ribes. Radiante. Con la colaboración de Ximo Gramage, Dioni Sánchez, Amador Artiga y Virtual Art.
Grabaciones vídeo: Microfilm 2.0
Realización escenografía: La Viuda. Kike Blanco
Caracterización: Inma Fuentes
Movimiento: Cristina Fernández
Fotografía: Vicente A. Jiménez
Diseño campaña Comunicació: Boke Bazán. Nociones Unidas
Producción executiva IVC: Majo Urieta
Producción delegada: Marisol Limiñana
Coordinación técnica IVC: Francisco Beltrán/Juan Gallego 
Dirección adjunta de Artes Escénicas IVC: Roberto García
Coordinación artística Teatres de la Diputació: Josep Policarpo
Coproducción del Institut Valencià de Cultura, Diputació de València y Festival Grec 2019

Agradecimientos:
Vicente Pizcueta, Carlota López, Blanca Caminal, Cristina Clemente, Marc Angelet i Carles Manrique, Joan M. Oleaque, Francesc Bayarri, Mariola Cubells, Fina Cardona-Bosch, Rafa Cervera, Salvador Enguix, Francisco Arabí, Vicent G. Devís, Genar Martí, Rafa Molés, Mónica X, Juan Santamaría, Luis Bonías, Luis González, David Campillos, À Punt Mèdia y Corporació Valenciana de Mitjans de Comunicació (CVMC)

*Escritura de la obra realizada con la Beca Leonardo a Investigadores y Creadores Culturales 2018 de la Fundación BBVA

Altman en Valencia

Valenciana, de Jordi Casanovas, es una crónica tragicómica de la Valencia de los noventa que recuerda la multiplicidad narrativa de Altman en Nashville. Una obra ambiciosa que merece verse

MARCOS ORDÓÑEZ 5 JUL 2019 – 18:32 CEST

Pasmosa temporada del fecundo Jordi Casanovas, que desde 2018 ha estrenado en Barcelona o Madrid títulos como Mala broma, Jauría (que sigue girando con gran éxito), la reposición de Port Arthur (con nuevo reparto), La dansa de la venjança, Gasolina, y el pasado mayo presentó Valenciana (la realitat no és suficient) en el Principal de Valencia, obra que la semana pasada recaló fugazmente (solo estaba programada dos días) en el Goya barcelonés, invitada por el Grec. Su nueva obra es una de las más ambiciosas, en la línea de Una història catalana, aunque me hizo pensar también en la estructura de historias múltiples de Robert Altman en Nashville. Y, por encima de todo, algo que parecía rozar lo imposible: una tragicomedia abiertamente crítica, costeada con dinero público (la Diputación, el Institut Valencià de Cultura, y la ayuda del Grec), con un reparto de 12 intérpretes. Lo único que de momento no parece ligado del todo es una gira española a la altura del proyecto (y del logro).

Casanovas narra tres historias ambientadas en la Valencia de los años noventa, y no en clave documental, como algunos de sus recientes trabajos, sino mezclando verdad y ficción. Los tres capítulos, aunque se desdoblan en muchos más, podrían resumirse así: 1) la desaparición, asesinato y hallazgo de las niñas de Alcàsser, con el siniestro circo mediático que creció en su torno, inau­gurando la atroz telebasura, entre otros destarifamientos, como dicen en jerga levantina; 2) el mundo de ‘la ruta’, esto es, de las discotecas entre Sueca y Valencia, más tarde rebautizada Ruta del Bakalao y vendida por medios sensacionalistas como una “Sodoma y Gomorra de sexo y droga”, y 3) el ascenso del cartagenero alcalde de Benidorm y sus secuaces, que aspiran a presidir la Comunidad, una certera crónica política que se acercaría a la película El reino, de Rodrigo Sorogoyen, pero en clave de sátira y con una vulgaridad negrísima, muy bien observada. Tres enfoques de época en los que enlazan las peripecias de tres amigas, jóvenes discotequeras y aspirantes a periodistas: Valèria (Vanessa Cano), Encarna (Lorena López) y Ana (Rebeca Valls). El elenco es fenomenal, con intérpretes que encarnan papeles muy distintos: a algunos cuesta reconocerles. Es el caso, por ejemplo, de Carles Sanjaime, que se luce como Alfonso, el padre de una de las niñas asesinadas, que acabará perdido en una creciente maraña de teorías conspirativas, y luego da nueva vida a Jaime, un veterano jefe de discoteca, con voz ronca por los excesos, pero dibujado con sentido común, sin clichés. Una de mis escenas favoritas es cuando Valèria, casi al amanecer, va a buscarle porque está convencida de que se trata de su padre. Otro actor que se lleva el gato al agua es Toni Agustí: memorable su trabajazo en el rol del candidato Ricardo Zamora, logrando provocar la risa y al mismo tiempo rozando la repulsión, todo ello sin forzar la nota. Conseguir, por ejemplo, que resulte verosímil el delirante monólogo en el que aborda como logro colectivo su propia fijación sexual por las falleras tiene un mérito considerable: hay que oírlo.

Y hay que señalar la creciente tristeza, avanzando golpe a golpe, de Encarna (Lorena López), una de las mejores demoliciones de los personajes de Casanovas. Paloma Vidal parece, netamente, ser dos: recuerda la dulzura de Julia Gutiérrez Caba cuando nos hace ver a Empar, madre de Valèria, la hippyenamorada de Carole King y Nina Simone, y en un pispás adopta la fiereza de Maria Victória, la peligrosa directora de un periódico derechista. Otro apreciable desdoblamiento es el de Verónica Andrés como Marga, la madre de una de las niñas muertas, y Mari, jefa de discoteca. O Juli Disla, el exnovio de Ana, y Dueso, el presunto criminólogo que se convierte en su turbio escudero. Merecen aplauso, asimismo, Carlos Amador (Kiko, el periodista amigo de Ana), Laura Valero (Clara, la ayudante de Encarna) y Enric Juezas (el teniente de alcalde). También destaca la relación entre Vanessa Cano (Valèria) y Laura Sanchis (Sonia), y su lucha por lanzar en media Europa la canción Reality is not Enough a la que alude el subtítulo de la obra: óptimas actrices a las que, a mi entender, les hace falta un guion con más desarrollo.

Hay tantos relatos, como decía antes, que son casi inevitables los bajones narrativos. Para citar solo un caso: el mundo de la ruta está muy bien documentado, pero a ratos queda un poco externo. Llegué a la curiosa conclusión de que Valenciana quizás resulte demasiado larga, como digo, por falta de desarrollo “teatral”. Paradójicamente, si a lo mejor creciesen más los perfiles de las tres amigas, quedaría una estupenda miniserie de, pongamos, seis entregas de una hora (o en el formato “a lo Altman” antes mencionado). Otra pega: echo en falta mejor vocalización en algunos pasajes. Pero predomina, por encima de todo, la energía y el talento.



‘Valenciana’: la realidad sobrecoge a la ficción

Manuel Pérez i Muñoz

Todo comienza como un amable retrato generacional de la Valencia de principios de los 90, con la ruta del bakalao en pleno auge y la resaca olímpica aún espesa. De repente, un coro anónimo irrumpe con la tragedia –”Han trobat les xiquetes”–, revelación que cae como una losa y nos conecta con el escalofrío, con la memoria colectiva que quedó herida en 1992 tras el descubrimiento del brutal crimen de las tres niñas de Alcàsser. Los personajes corren a verlo por la tele mientras el público se prepara para vivir de nuevo la desgracia transformada en pieza teatral.

El dramaturgo y director Jordi Casanovas ha materializado un proyecto largamente perseguido: la revisión del trauma social que marcó a toda una generación y dio comienzo al amarillismo que aún hoy mancha el periodismo televisivo. Lo hace después de encadenar en Madrid una sonada racha de éxitos del teatro documental más crítico (‘Ruz /Bárcenas’, sobre el interrogatorio al tesorero del PP, y el más reciente ‘Jauría’, basado en el juicio a la Manada). No obstante, ‘Valenciana (la realitat no és suficient)’ –hasta el domingo en el Teatre Principal de Valencia y en Barcelona para el Grec los días 28 y 29 de junio– no es un documento, aunque también, sino una pieza que se sirve de material real para construir una ficción.

Es en ese cruce entre la realidad y lo inventado donde la obra se afianza sobre elementos reconocibles. A fuerza de estirar los hilos narrativos, los personajes acaban arrastrados por los platós de Paco Lobatón, Nieves Herrero y Pepe Navarro, donde se mercadea con el dolor de las víctimas y se plantean juicios paralelos basados en el escrutinio morboso del sumario. El peso de la trama recae en tres chicas jóvenes que viven de cerca los crímenes, punto de vista femenino que choca con los menosprecios de una época no tan distante a la actual. Resulta fácil dibujar los paralelismos con el presente, y algún que otro ajuste de cuentas que por sincero y bien documentado causará escozor.

Retratos de ficción
Hasta el cambio de gobierno, las compañías más contestatarias tenían asegurado el veto y la censura del todopoderoso PP valenciano. Ahora, el teatro más grande de la ciudad acoge una obra con financiación pública y 12 intérpretes que revisa de forma crítica el pasado reciente. Porque además de la ruta del bakalao y el caso Alcàsser (que en breve tendrá también un documental en Netflix), una de las tramas de la obra retrata la meteórica carrera de Ricardo, alcalde de Benidorm que aspira a la Generalitat. La fotografía es clara y coincide con el viacrucis que estos días afronta Eduardo Zaplana en los tribunales.

Se remontan siete años de transformaciones sociales, también en el conjunto de España, que sitúan a la Comunitat como la incubadora de la cultura del pelotazo, parque temático de la corrupción con Canal 9 como manantial de propaganda. Casanovas lo ha sintetizado con pulso y eficacia. La docu-ficción crea una relación cómplice, un tono de revelación con el espectador-voyeur pero también un efecto seguramente no deseado, que las tramas estrictamente inventadas bajen un escalón en el interés.

Van por delante los momentos en los que la mentira del teatro juega a reproducir la memoria colectiva, con un sobrecogedor Carles Sanjaime que conecta con el dolor del mediático padre que se hizo famoso en los platós, o Toni Agustí que marca con acento cartaginés la parte más acomplejada y megalómana de unos políticos que ascendieron para forrarse. La realidad, en este caso, daría para muchas obras más.


Grec 2019: Valenciana (la realitat no és suficient)

Teatre Recomanat 4 de 5 estrelles

Valenciana
Foto: Vicente A. JimenezValenciana

Un altre dramaturg, de ‘Valenciana’ n’hauria escrit tres obres: una sobre els crims d’Alcàsser, una altra sobre la ruta del Bakalao i una sobre l’ascens del PP valencià. Però Jordi Casanovas és ambiciós i per una vegada que podia comptar amb un repartiment de dotze actors s’ha ficat de ple en un bon embolic, que resol de manera brillant tot lligant les tres ‘peces’ a través dels tres personatges principals: Valèria (la ruta), Ana (Alcàsser) i Encarna (corrupció). Tres amigues d’una localitat de l’Horta que veuran com els seus mons respectius queden trastocats pel desenvolupament dels fets.

Sembla com si Casanovas s’hagi posat el barret de Tom Stoppard per explicar-nos els anys 90 valencians. Amb això vull dir que, com el britànic amb els 70 txecs a ‘Rock’n’roll’, per exemple, agafa personatges corrents, dignes d’una obra petita, per relatar-nos la gran història. Sí, tenim el pare d’una de les xiquetes d’Alcàsser i el president de la Generalitat, però no són ells els que mouen els fils de la funció, sinó les vides de les tres amigues. Aconseguiran sobreviure al temporal? Només diré que l’obra comença amb el ‘Lithium’ de Nirvana i acaba amb l”Everybody’ dels Backstreet boys.

La posada en escena està totalment enfocada a donar visibilitat a les amigues i a comprendre a la primera els salts temporals de la funció. Les actrius (Rebeca Valls, Lorena López i Vanessa Cano) saben qui són i no dubten mai. De les tres, López, en el paper d’Encarna, és qui té l’ós més dur de rosegar, ja que és la qui pujarà més amunt i la que patirà la decepció més rotunda i, per tant, també és la que destaca més. L’única pega que li podríem fer a Casanovas és que passi de puntetes pel tema lingüístic, com si l’assetjament al valencià no hagués estat una política orquestrada des de dalt.

Dramatúrgia i direcció: Jordi Casanovas. Interpretació: Rebeca Valls, Lorena López, Vanessa Cano, Carles Sanjaime, Verónica Andrés, Toni Agustí, Enric Juezas, Paloma Vidal, Laura Sanchis, Juli Disla, Laura Valero, Carlos Amador.

Per Andreu Gomila

Publicat dissabte 29 juny 2019


La gran festa valenciana dels anys noranta

1.07.2019 Martí FiguerasGrec 2019. Comparteix a Twitter Comparteix a Facebook

Hi ha una part de la dramatúrgia (catalana, espanyola, europea) que està molt interessada en tractar temes de la nostra realitat més contemporània però fer-ho des d’una mirada al passat. I no es tracta de fer-ho precisament amb nostàlgia, sinó deixant clara la crítica a un sistema que no va funcionar i en el qual ara continuem veient-nos reflectits. Està clar que un dels autors que millor treballen aquest tipus d’històries és Jordi Casanovas. Sempre m’ha fascinat la seva capacitat d’explicar grans històries a partir d’una realitat molt recognoscible. Sobretot tenint en compte que aquest autor és enginyer de telecomunicacions i no periodista. Casanovas torna a fer diana amb Valenciana (la realitat no és suficient), una obra que, de fet, no pot ser més oportuna. A Can Netflix un dels productes nacionals més vistos en les últimes setmanes és un documental sobre els crims d’Alcàsser i el seu seguiment mediàtic. Ambdós ens mostren la cara més fosca d’una societat (la valenciana, però tot és traslladable a qualsevol altra comunitat espanyola) que avui en dia continua  en gran mesura amb els mateixos costums. El positiu de tot plegat és que ara almenys hi ha una part d’aquesta més crítica amb tot plegat. Tots no ens ho empassem tot. Això ja no són els noranta.

‘Valenciana (la realitat no és suficient)’ de Jordi Casanovas. © Vicente Jiménez.

Una escenografia aparentment senzilla, formada per cinc nivells emmarcats i amb diferents alçades, servirà per mostrar-nos el canvi d’històries i de línies temporals del relat que uneix tres “xiquetes” de l’horta de València. Casanovas ja exposa la intenció de l’obra des d’un bon principi, relatar una sèrie de fets ubicats en una zona i en un temps: València, 1992. Però les tres noies ens informen que tot allò és una gran mentida, i que qualsevol semblança amb la realitat és pura coincidència. Tots ja coneixem l’humor del Casanovas. Un cop acaba la disbauxa a ritme de Lithium de Nirvana, les tres noies comencen a esbossar les seves històries. La primera, la Valèria, és filla de mare soltera, fruit d’un polvo de la seva mare hippy a Eivissa. No és una nit qualsevol, li comuniquen la mort per accident de cotxe de la seva mare. El dia anterior justament ella li va comunicar que havia trobat el seu pare, un productor discogràfic. La Valèria, rebel amb causa, li demana a la seva amiga, Ana que l’acompanyi de ruta, de discoteca en discoteca.

La Valèria ens mostrarà la cara més fosca de la joventut valenciana, aquella que es va deixar arrossegar per la Ruta del bacalao. Música màquina, drogues i festes que duraven llargs caps de setmana. Però Ana la deixa a la discoteca i marxa. És periodista i li acaben de comunicar que ja han trobat els cossos. Ja porta més d’un mes involucrant-se amb la cerca de les nenes desaparegudes. Aquesta és la seva “festa”, una que l’acabarà devorant també per la fam d’un periodisme groc que just començava a treure les seves urpes. La tercera en discòrdia, l’Encarna, aspira a un altre tipus de festes. És l’amant d’un senyor de Benidorm amb unes ànsies terribles de poder polític. Ricardo és la representació fictícia del polític corrupte del PP valencià que amb l’ajuda dels mitjans i dels poders financers va escalant posicions fins a ser el President de la Comunitat Valenciana. I Encarna serà devorada per tota aquesta voràgine, esdevenint ella mateixa un monstre que ajuda a fer créixer el monstre, sense ser conscient que ella mateixa és una víctima.

Tres històries que serveixen per fer un retrat de la societat valenciana dels anys noranta, des del 92 fins al 98. El desenvolupament de les tres històries està ben treballat, no perd el ritme, però l’interès que suscita alguna d’elles no té  la mateixa força que les altres dues. La trama de Valèria córrer per una ficció ja molt coneguda i que podria ser ubicada en qualsevol indret. Sols durant el periple de discoteques del principi, i sobretot pels secundaris que l’habiten (la parella de Tarragona, els reporters de Canal Plus, els quillos de discoteca), endevinem el retrat verdader d’aquell microcosmos valencià. Però després la història deriva cap a un relat d’autodestrucció i drogoaddicció i perd el focus històric que si que mantenen en tot moment les altres dues línies narratives.

‘Valenciana (la realitat no és suficient)’ de Jordi Casanovas. © Vicente Jiménez.

Però quan hom veu i recorda la cobertura mediàtica del cas de les nenes d’Alcàsser no pot deixar d’esparverar-se. I no és tant pels periodistes (on les aparicions d’uns ficticis Paco Lobatón i Nieves Herrero esdevenen els moments de vergonya aliena més grans), sinó sobretot per un personatge complex i nefast (i alhora un personatge molt espanyol): Alfonso, el pare d’una de les noies assassinades. L’Ana, mentrestant, intenta sortir d’aquesta bogeria. El retrat d’Ana bascula entre el seny i el bonisme, i podria haver estat més pervers. En algun moment se l’hauria pogut veure actuant amb consciència de voltor, cosa que si que li passa a Encarna quan alliçona la seva cosina dient-li que els homes polítics que es sobrepassen amb elles són uns porcs, però que són els seus porcs i que han de fer el que calgui perquè estiguin allà dalt.

Casanovas és un home polític, un home que transmet el pols de la societat i de les problemàtiques que colpegen el carrer. I el feminisme, l’apoderament de la dona, és una d’aquestes problemàtiques (Jauría, un verbatim sobre el cas de La Manada n’és l’exponent més clar). I a Valenciana també apunta molt en aquest sentit. No en va les tres protagonistes principals (esplèndides Rebeca Valls, Lorena López i Vanessa Cano, com la resta dels 12 intèrprets valencians) són dones. Però elles no són les heroïnes que surten al carrer avui en dia, sinó tres dones que d’alguna manera són víctimes directament o indirectament del masclisme social. Però Casanovas deixa una porta oberta a l’esperança amb el naixement d’una filla, una Encarna nova que 20 anys i escaig després segur que deu estar trepitjant el carrer amb fermesa. Sense por als mitjans, a la política, a la disbauxa. Perquè ja ho apunta el dramaturg al final de l’obra: quan la gent té por, li acaba donant el poder a gent molt perillosa.


Bakalao, Zaplana y Alcàsser: Un viaje ficcionado al delirio de los noventa

El Teatre Principal de València acoge del 22 de mayo al 2 de junio ValencianaLa realitat no és suficient

Valenciana

“El crimen de Alcàsser, el ascenso de Zaplana al poder y la ruta del bakalao son tres temas que, de alguna manera, se intercomunican y definen una época de fin de libertades que fue como una especie de segunda transición”, apunta Jordi Casanovas. Acaba de estrenar en el Teatro Principal la obra Valenciana. La realitat no és suficient. El Institut Valencià de Cultura cierra temporada de producciones propias con esta obra que estará hasta el 2 de junio en València, para luego viajar a Madrid y Barcelona.

Situada a principios de los noventa, Valenciana recupera mezclando ficción y realidad momentos de una década de desfase y euforia, de descontrol y ambición política descarada, de periodismo sin escrúpulos, a través de la conexión de tres tramas que marcaron a diferentes generaciones de la sociedad valenciana (y también española), llegando incluso a generar estereotipos como corruptos o festeros.

Desde el principio los intérpretes anuncian que “cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia”, pero algunos de sus personajes tienen rasgos o cargos identificables con personas reales y parte del juego consiste en tratar de adivinar quién es quién y en qué momento. Eso sí, se debe tener en cuenta que son doce actores y actrices dando vida a más de treinta personajes, algunos de ellos resultado de varias sumas de personas y perfiles reales. O no.

“Muchos personajes de la historia optan por delirar, por imaginar un mundo que no es real y creer que el imaginado es el auténtico”, explica  Casanovas. Aunque sea un viaje a un pasado reciente, también tiene mucho que ver con la actualidad.  

Con el enlace del periodista valenciano Eugenio Viñas, Casanovas fue contactando con testimonios que pudieran aportarle la contextualización necesaria para conformar la obra. «El reto era, desde que comencé a documentarme, abordar las consecuencias sociales y su impacto mediático», apunta el director. Más de un año de trabajo de investigación condensadas ahora en poco más de dos horas y cuarto.

Algunos de los espectadores de la obra no recordarán la cobertura realizada por los medios de comunicación los días que siguieron al secuestro de Míriam, Toñi y Desirée, el crimen valenciano más mediatizado de la historia. Pero es evidente el poso de dolor y miedo que ha dejado en la sociedad valenciana. Otros no recordarán noticias sobre el voto de la tránsfuga socialista que dio la alcaldía a Zaplana, pero han vivido sus consecuencias, el cierre de Canal 9 o habrán visto muchos esqueletos de hormigón en la costa alicantina. Y de la ruta del bakalao… D’aquella pols

“Creo que necesitamos revisar esas épocas porque lo vemos desde otra perspectiva. Ahora somos padres de hijos que tenían esa edad y hemos cambiado la forma de observar. Vale la pena releer”, dice el dramaturgo. Aunque no sea la primera ni la última vez que se ficciona sobre el crimen de Alcàsser. Ni tampoco es insólito criticar la ya mítica corrupción valenciana. Ni elaborar un retrato del desfase de la más famosa de las rutas. La originalidad de la obra está en su enfoque. La historia está pensada desde la vida de tres mujeres. Y eso sí es novedoso.