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París. Noviembre de 2005.

Demasiado jóvenes para ser adultos y demasiado mayores para seguir siendo niños.

Cinco colegas de una banlieue de París se reúnen una noche para quemar el coche de alguien muy rico. Desde hace unos días, varios incendios han sido provocados en distintos lugares, destruyendo vehículos. Los hijos de los hijos de los inmigrantes que llegaron sin nada al país aún se sienten ajenos a él. Europa no les ofrece esos valores que coronan su bandera. Y las calles y los noticieros se llenan de un ambiente que podría ser de revolución o de guerra, de esperanza o de desasosiego. Un ambiente que puede destruir ilusiones y amistades.

GAZOLINE toma el testigo del proyecto RAZAS con el objetivo de visibilizar y fomentar la diversidad étnica en las artes escénicas.

EQUIPO ARTÍSTICO
Elenco

Mard B. Ase, Michael Batista, María Elaidi, Prince Ezeanyim y Delia Seriche

Dirección: José Luis Arellano García
Texto: Jordi Casanovas

Iluminación: Juan Gómez-Cornejo (AAI) / Escenografía y vestuario: Silvia de Marta

Videoescena: Bruno Praena / Coreografía: Andoni Larrabeiti
Música: Víctor Algora / Fotografía de escena: David Ruano

Ayudantía de escenografía y vestuario: Cristina Aguado y Eva Escribano / Regiduría: Dani Villar
Realización escenografía: Readest y Juan Carlos Rodríguez / Sastrería: Conchi Marro

EQUIPO LAJOVEN

Presidente Fundación Teatro Joven: David R. Peralto / Dirección artística: José Luis Arellano García
Dirección de producción: Olga Reguilón / Dirección técnica: David Elcano
Dirección de comunicación: José Luis Collado

Gestión de públicos y desarrollo: Rocío de Felipe, María Limón y Pedro Sánchez

Prensa y redes sociales: @SamuelGarAr / Diseño gráfico: Erre Gálvez
Administración: Nuria Chacón / Equipo técnico: Raquel López e Iván Belizón
Ayudantía de producción: Víctor Hernández


 

EQUIPO EN PRÁCTICAS

Producción/Regiduría: Eva Guiteras y Carolina Vallejo

Agradecimientos: Armando Buika, Boré Buika, Voluntarios de LaJoven

GAZOLINE-PROGRAM



Rebelión, jóvenes llenos de rabia, rechazo al inmigrante, protestas callejeras… ¿Suena familiar? Aunque originalmente el autor de “Gazoline”, Jordi Casanovas, se inspiró en los disturbios callejeros que azotaron Francia en el 2005 tras la muerte de dos jóvenes musulmanes de origen africano mientras escapaban de la policía, al plantearse montar su obra en Nueva York, tanto él como el director puertorriqueño Jorge B. Merced pronto se dieron cuenta de que la temática y la historia que cuenta la obra bien podrían darse en esta, o tantas otras, partes del mundo y la adaptaron a nuestra ciudad.

El montaje de Merced sitúa la trama en un marco anti-inmigrante, lleno de frustración y rabia, en el que cinco jóvenes latinos abordan la compleja relación entre el pasado migratorio de sus padres y la sutil manipulación de algunos grupos que utilizan a esta generación para su propio beneficio político.

Hablamos con el dramaturgo español  detrás de esta historia que explora el choque cultural, las emociones e interacciones que vive este grupo de “millenials” y que aún pueden disfrutar en el IATI Theater hasta el próximo domingo16 de abril.

¿Cómo y cuándo empieza a fraguarse esta historia en tu cabeza?

Hace diez años, a raíz de ver por televisión los altercados que se produjeron en los barrios periféricos de París y no comprender por qué quemaban coches, por qué los jóvenes se involucraban en  acciones tan aparentemente violentas. Investigando, investigando, me fue interesando el comprender qué es lo que lleva a alguien a dar voz a sus problemas de una forma violenta o escandalosa como es quemar coches y no dialogando.

¿Cómo pasaste de inspirarte en París a adaptar la historia a Nueva York?

Empecé a trabajar con el IATI Theater hace un año y medio y, rodeados por todo el clima de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, pronto comprendimos que no tenía que ser una historia que pasaba en un lugar lejano, ni metafórica, si no aquí mismo en Nueva York y con personajes inmigrantes o hijos de inmigrantes de habla hispana que se sienten desplazados del mundo institucional, político y social del país.

¿Qué te parece que aporta la dirección y la propuesta estética de Jorge Merced a tu historia?

Funciona muy bien. Él y yo hablamos mucho sobre cómo retratar a un grupo de jóvenes haciendo ago parecido a las películas juveniles de los años 80, como “The Breakfast Club” (John Hughes) o  El Odio (“La Haine”, de Mathieu Kassowitz), pero teniendo en cuenta que lo que reflexiona es absolutamente actual.

¿Con qué sensación te gustaría que saliera el público de ver “Gazoline”? 

Pienso que desde nuestra posición cultural, como gente que hacemos teatro y con pensamientos un poco progresistas, rápidamente condenamos cualquier tipo de violencia, pero es cierto que en algunos contextos y en algunas capas sociales no hay otra opción que esa y a mí me gustaría que ese dilema que se propone en la obra se lo lleve el espectador a casa y se inicie un diálogo. ¿Hay que censurar o hay que comprender a los que protestan? Me gustaría que cuando el público salga y vea en los periódicos o en la televisión cómo se condena a una clase obrera que se rebela, que se cuestionen el porqué.


On March 25, New York’s renowned Hispanic theater company IATI Theater opened its spring 2017 season with the play “Gazoline,” by Spaniard Jordi Casanova. The piece was inspired by the serious street riots that took place in France in 2005 and 2006, involving the country’s large Muslim community.

Updated to 2017, this version of “Gazoline” takes place in New York, has a Latino accent, and could take place in any neighborhood or city in the country, whether Paterson, Compton, East LA or Miami.

“Gazoline” explores the complex world of the millennial generation, a group of youths seeking to demonstrate that they are much more than “selfies,” hanging out and video games. These young people are an up-and-coming voice: They long for change and are fighting for it.

Directed by Jorge B. Merced, from Pregones/Puerto Rican Traveling Theater, the show is playing at IATI Theater (64 E 4th St, between Bowery and 2nd Avenue in Manhattan) until April 16. “Gazoline” is performed in Spanish with English subtitles.

Emerging local theater actors Frances Arroyo, Diego Chiri, Gilberto Díaz, Mateo Lamuño and Idalia Limón are in the cast.

“Gazoline” – which features a minimalist but effective set design – is a visual poem seeking to inspire reflection on New York’s current sociopolitical climate. Five Hispanic youths find themselves at a crossroads. From each of their corners, they watch a world in chaos and make a call for peace and justice for all. They do not resign themselves to the status quo. Rather, they are fed up with it.

There is an anti-immigrant context, filled with frustration and anger. Under this premise, the youths navigate the complex relationship between their parents’ immigrant past and the subtle way in which groups often manipulate these communities for political gain, in addition to the culture shock that brutally brings together teens of diverse ethnicities in schools and neighborhoods.

“There is nothing better than art to shed light and strengthen our civic duty in tough times. The relentless war declared on immigrants by the current U.S. government makes the reaction of artists even more indispensable to defy the oppressive environment that our immigrant communities are being forced to endure,” said Merced, from Carolina, Puerto Rico, who has a solid trajectory on local and international stages. His credits include “El apagón,” “El bolero fue mi ruina” and “Baile cangrejero.”

“In ‘Gazoline,’ the social, cultural and political circumstances separating the characters are also the engine that explores the power of violence or lack of it when a person is pushed to the limit,” added Casanova, a Catalan actor and the author of 30 plays including “Idiota,” “La ruina” and ” “La revolución.”

The origins of “Gazoline”

“Gazoline” was developed through Cimientos, IATI Theater’s study program that works with unpublished plays. The Cimientos 2015 community was founded in 2014 by 10 playwrights. An ensemble of writers, IATI’s literary director and the company’s artistic staff, along with the directors selected to oversee the staged readings, greenlighted the plays, including “Gazoline.” For five months, the artists met in groups to develop each script, and the process culminated in a public reading to gather audience opinions.

“Beyond the writing and development process, what attracted us the most was the political aspect of the play and its symbolism. It is based on real events that took place in Paris [in 2005 and 2006], when hundreds of cars were burned by groups of young people,” explained Winston Estévez, IATI’s associate artistic director. “The events were linked to immigrant communities, who were protesting the political moment. The symbol of the gasoline, the youths confronting the political storm, those are some of the elements we want to explore on stage and to connect them with the reality of North America in 2017.”


Nueva York, 29 de marzo del 2016 / La Voz Hispana de Nueva York; por Antonio Bones- Bajo el programa “Cimientos” del teatro IATI en Manhattan, desde el 25 de marzo hasta el 16 de abril del 2017, se mantiene en cartelera la obra de teatro “Gazoline”.  Una producción teatral que bien podría convertirse en el estandarte de los oprimidos y azote para la degradación social que experimentamos, a diario, en los Estados Unidos, por demás, en otros lares allende los mares.  De la pluma del prolífico dramaturgo catalán Jordi Casanovas y dirigida por el puertorriqueño, Jorge Merced.

El texto que propuso Casanovas no pudo ser más idóneo para la puesta teatral que degustamos.  Poseyó recursos dialógicos y discursivos de envergadura.  Estuvo plagado de humanidad, enfrentamiento, vulnerabilidad, tensión, distensión, profundidad y lógica.  Fuimos partícipes de un cúmulo de temas como lo son, entre algunos, la desintegración familiar, el sistema educativo, la impiedad del capitalismo, el amor, el sexismo, la brutalidad policial, la corrupción y el acoso.  Es una pieza artística recreada o plantada sobre imprescindibles códigos y símbolos.  A nuestro entender, pertenece al género de la tragicomedia.  No podríamos equivocarnos al expresar que es una escritura teatral diáfana, vital y comprometida.

La fábula de la propuesta arropa la vida de cinco personajes jóvenes: Naíma (Frances Arroyo López), Omaira (Idalia Limón), Nico (Mateo Lamuño), Christopher (Gilberto Gabriel Díaz Flores) y Andrés (Diego Chiri).  Todos pertenecientes a la generación de los Millenials, “Generación Y” o Echo Boomers; adeptos a la interactividad virtual por medio de estímulos visuales y auditivos.  No obstante, los chicos de “Gazoline” no residían dentro de una burbuja liderada por ciudades virtuales, no, vivían en un ambiente hosco, vivían una realidad cruda y desesperante.  Los cinco muchachos percibían el sentimiento antiinmigrante, en El Barrio, Nueva York, mientras se flagelaban o sublevaban.  Una generación de sujetos más susceptibles al sinsabor religioso, político y cultural que las generaciones antecesoras.  El objetivo sería desprenderse de la invisibilidad, llamar la atención, exigir respeto a sus existencias e intentar alcanzar metas.

Las actuaciones de los cinco ejecutantes, dentro de sus respectivas entregas, podrían ser calificadas como despampanantes.  Nos sobrecogió el ritmo que nunca decayó y los objetivos inquebrantables.  Mateo Lamuño (España), Gilberto Gabriel Díaz Flores (Puerto Rico) y Diego Chiri (Perú), interpretaron con absoluta propiedad al manipulador y gótico muchacho Nico, al contundente y playboy Christopher; asimismo, al leal y “apacible” Andrés.  Es meritorio rescatar las actuaciones de Frances Arroyo López (Puerto Rico), en su rol de la religiosa y potente Naíma y, en el personaje de la apasionada Omaira, a Idalia Limón (México).  Ambas intérpretes brillaron e hicieron temblar el escenario.  Centradas y enérgicas actrices de armas tomar.  Son promesas para los teatros nacionales de sus países y de otros.

El vestuario de los artistas fue seleccionado y delineado por Leni Méndez.  Un vestuario rico en detalles comunales, urbanos o citadinos; propio para los Millenials durante sus insospechadas andanzas.  Los diseñadores de sonido Haydn Díaz, Gabriel García y el diseñador de luminotecnia, Miguel Valderrama, fueron determinantes para el éxito de la producción.  Ellos lograron captar ese concepto vanguardista del que está revestida la obra.  Cristina Ayón Viesca fungió como asistente del director y regidora de escena en la titánica tarea de impulsar un “maquinón” como “Gazolina”.  Warren Stiles ofreció un espacio apto para la comisión de una fechoría, planificación, complicidad y hermandad en la acera de cualquier ciudad. Nos quitamos los sombreros antes todos ustedes.

La dirección de Merced se concentró más en lo estético que en lo convencional.  Allí hubo un coche pero no lo veíamos; sin embargo, lo palpábamos y hasta percibíamos el olor de las “llantas de aluminio”.  Tanta pomposidad realista no hacía falta en el tablado si los artistas nos la podían proporcionar con cada acercamiento, con cada mirada, con cada intención. Lo que resaltó fue de la manera en la cual el director teatral logró utilizar y aprovechar los acentos de los actores.  Lingüísticamente, “Gazoline” se apropió de la jerga juvenil mientras, al mismo tiempo, conservó rasgos inconfundibles de la lengua nativa de los hispanohablantes (actores).  El experimento teatralizado respondió al simbolismo de la diversidad étnica que inunda cada sector neoyorquino, y también de los restantes estados que componen a la nación del Tío Sam.  Otro detalle, muy particular, lo fue el desplazamiento de los actores por un alley stage, escenario cruzado o de pasarela.  Los espectadores fuímos parte activa de esos desplazamientos por la acera -flancos en los laterales del escenario.  Era como si nos estuviésemos arrojándonos o compartiéndonos todas las miserias, desgracias y esperanzas de aquellos seres urbanos.  ¡Viéndonos en el espejo de los demás!  ¿Y la quema del auto con gasolina?  Metáfora exacta de la destrucción, de la venganza al Estado aplastante y a sus súbditos de cuello blanco; metáfora de la purificación del alma; metáfora de los ideales que se cuajan en lugares marginales con transparencia, no como los que habitan en palacios, ayuntamientos y se regodean en escalinatas.  Lograr tales genialidades junto a un excelente equipo de actores y técnicos es lo que se conoce como magia teatral.  ¡Le agradecemos, señor Merced!

“Gazolina” representa el grito de los menos afortunados pero con vientos huracanados.  No representa actividad delictiva, representa cambio y escalada social… representa protesta.  “Gazolina” es el motor de la esperanza.